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Éste tema es, probablemente, el más íntimo que se me ocurre sobre mí mismo, y del que menos hablo con la gente.
Me fascina la mente humana y he dedicado toda mi vida a intentar comprenderla, sobre todo para entender la mía propia. Con la edad mi cerebro funciona mucho mejor. Cuando era un crío me costaba mucho pensar, y todo era confuso y brumoso. De hecho, tengo muy pocos recuerdos antes de comenzar el bachillerato, entre lo que no he retenido y lo que mi subconsciente ha querido olvidar. Soy de los que creen que la mente es algo con lo que hay que tener cuidado, que es algo muy frágil, que hay que manejar con más respeto que las
bolitas verdes de gas VX. Desde pequeño tuve la impresión de que caminaba cada día por el borde del negro pozo de la demencia, que me llamaba con tanta paciencia e inevitabilidad como la gravedad llama a las manzanas del árbol. Me bastaría un empujoncito, el dejarme llevar un solo momento o el distraerme por un instante para caer en una profunda locura. Os parecerá un artificio poético pero, eh, yo también tengo problemas por los que debería visitar a un especialista.
Por eso
no aguanto Alicia en el País de las Maravillas. A todos os parece una historia muy bonita y poética (escrita por un pedófilo, me animo a subrayar), un mundo de fantasía e ilusión, un lugar donde ser feliz. ¡Ni siquiera os aterroriza que sea catalogado como literatura infantil! La gente no ve lo que yo veo. Alicia está muy mal de la cabeza. Ese libro es producto de una mente muy enferma. Siempre lo describo como "escrito por y para esquizofrénicos". Contiene un lenguaje más allá de lenguaje, unos símbolos más allá de lo visible, una forma de hilar las ideas que son muestra de una mente podrida por la locura. Es un lenguaje que le habla a un lugar muy escondido, profundo y oscuro de mi mente, un lugar en el que yo también pienso de esa misma manera. Es un lenguaje que despierta ese pozo de la demencia, lo abre de par en par ante mí y me llamar a su seno, sonriéndome, como me llamaba antes. No sé si alguno es capaz de entender esa sensación, pero a mí me hace casi temblar y tener escalofríos. Me da miedo acercarme a ese pozo y caerme dentro sin remedio. En serio.
Me aterroriza, porque cuando me susurra me hace sentir que, en cierto modo, ahí dentro, muy al fondo, es el lugar al que pertenezco.
Ésta es la Alicia de verdad, y no la de Walt Disney.Hace un par de noches vi
El ángel exterminador, de Luis Buñuel. Nunca había visto nada de él, porque tenía la sensación de que no me iba a gustar. Tenía razón, y no es sólo porque los raritos no sean lo mío. La sensación es muy parecida a la que me produce
Alicia. Hasta me he cabreado sin motivo al hablar de esta película con alguien. Buñuel también estaba chalado.
Pero
El ángel me ha ayudado a darme cuenta de una cosa: el pozo ya no es tan grande, el peligro no es tan acuciante como era antes. Mi cerebro ha crecido y ya no es tan frágil. Y he decidido que es la hora de asomarme a ese pozo, de perder el miedo a caerme. Tengo que entender qué hay al otro lado, por qué me afectan tanto
Alicia o
El ángel, de dónde nace esa parte de mí, si quiero entenderme mejor a mí mismo.
Quién sabe, coño, a lo mejor ya estoy loco y aún no lo sé.
¡Os veo en el otro lado!--